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Un nuevo paradigma para el siglo XXI

Carlos de Greiff Moreno

El siglo XIX cierra con el paradigma de Descartes, Newton y Bacon (llamado paradigma cartesiano) en plena vigencia y acción. Como todo paradigma es faro y derrotero indiscutible del conocimiento. Es un momento cósmico de un universo en equilibrio y armonía, impuestos por la fuerza y energía de las coaliciones políticas en la Europa de la be//e epoque que se recrea al compás de las grandes orquestaciones sinfónicas que interpretan el espíritu romántico del momento.
Durante el período de la URSS en construcción que cubre los años veinte y la primera mitad de los treinta, se abre camino en Europa el modelo económico del estatismo keynesiano que habrá de extenderse por todo Occidente, casi sin excepción: el bienestar y el desarrollo dependen exclusivamente de la inversión estatal. Por ende, la armonía social es responsabilidad y razón única del Estado.
Pero poco dura ese universo en equilibrio. La dinámica del cambio, que cobra especial ímpetu desde finales del siglo XV como resultado del Renacimiento, del Descubrimiento y de la Reforma, es ya arrolladora. En 1905, el doctor Albert Einstein propone su teoría especial de la relatividad. En 1916, en plena primera Guerra Mundial (IGM), la confirma y complementa con su teoría de la Relatividad General. La IGM es una guerra entre imperios metropolitanos que compromete las poblaciones y los recursos de los pueblos de ultramar, los sumerge, aún contra su voluntad, en la corriente desbordada del cambio. La guerra desencadenará el proceso del reordenamiento político y social del siglo. Se inicia en sus postrimerías con la revolución soviética: la avalancha roja.
Con la democratización de Europa, a partir de la Segunda Guerra Mundial (II GM) se derrumban las tesis keynesiana y los imperios de ultramar. Mientras tanto, en el período entre guerra y guerra, en 1927, el Dr. Werner Heisenberg propone su principio de incertidumbre: «el hombre no podrá tener certeza absoluta de nada, puesto que la mera observación de un fenómeno altera el fenómeno». Su postulado se desprende del comportamiento de partículas subatómicas. El Dr. Heisenberg es el padre de la mecánica cuántica.
La investigación posterior concluye que no es que el observador altere el fenómeno, sino que constituye parte del fenómeno; y es, además, conciencia del fenómeno. Por tanto, la mente del observador puede incluir el fenómeno. Todo ello ocurre en una relación relativista del continuum espacio-tiempo. Propicia el encuentro de la sabiduría y la fe con el conocimiento.
Pocos años más tarde, en 1940, el padre Theilard de Chardin, en su El Fenómeno Humano sintetiza su postulado de los crecientemente complejo y lo crecientemente interdependiente; de que el cuantum de conciencia no se adquiere sino mediante el rigor de la experiencia; y de que la conciencia del hombre se encamina a sumergirse en la realidad absoluta de la gran conciencia cósmica: el punto omega.
Con Teilhard se completa y configura el nuevo paradigma que sustituye al vigente desde mediados del Siglo XX, agotado paradigma cartesiano. Es el paradigma del nuevo siglo. i En realidad, el que introdujo el Siglo XXI¡ Porque todo lo que ha ocurrido en el ámbito del conocimiento desde entonces--y que habría de ocurrir en el futuro- ha sido y será consecuencia y resultado del paradigma de Einstein, Heinsenberg y Téilhard: ¡El Paradigma Cuántico!
El Paradigma Cartesiano es lineal; de relación causa-efecto; es objetivo y, por ende, excluye al observador y los procesos del conocimiento, define el conjunto (el todo) a partir de las parte; es estructuralista y reduccionista y, como tal, busca los postulados y los componentes fundamentales de cada una de las partes; se empeña en encontrar la Verdad Absoluta y Final. «Pienso, luego existo».
En cambio y por contraste, el Paradigma Cuántico es no lineal; incluye al observador como parte y conciencia del proceso; es sistémico; define las partes en función de la dinámica de las interacciones del conjunto; sostiene que toda estructura implica la existencia de un proceso subyacente; es epistemológico puesto que incluye y relaciona el proceso del conocimiento con la identidad y descripción del fenómeno: percibe la realidad como una red o entretejido de relaciones e interacciones intrínsecamente dinámicas y no jerarquizadas: no pretende encontrar la Verdad Absoluta, sino descripciones limitadas y aproximadas de la realidad, porque la realidad cambia constantemente. Es decir, que la realidad se crea en el proceso de conocerla. «Siento, luego soy»
A partir de ese momento se abre el escenario del Nuevo Milenio y el Cambio adquiere dinámica abrumadora. Ya lo había planteado Heráclito en el siglo Va. de C: «Lo único permanente en el Universo es el cambio».
La IIGM abrió con la ecuación racionalista mecanicista de la energía (E = 1/2mv2) la cual se tradujo en la Guerra Relámpago. Cerró con la relativista y cuántica de la desintegración del átomo (E= mc2) en las hecatombes de Hiroshima y Nagasaki. La primera ecuación, está dada por las leyes del movimiento de Newton, en que la energía cinética de una partícula se expresa en función de su masa y de su velocidad; la segunda, es la ecuación de Einstein, en donde E es la cantidad de energía, m la masa y c la velocidad de la luz, que constituye una de las constantes fundamentales de la Naturaleza, cuyo valor es de 300.000 km/s.
Entretanto, Hitler, igual que Napoleón, sueña con una Europa Unida, desde el Atlántico hasta los Urales y procede a forjarla por el derecho de conquista, a golpes de cañón. E igual que a Napoleón, lo aniquilan el tiempo, el frío, los espacios interminables de las estepas rusas, los guerrilleros.., y el Ejército Rojo.
Pero un modesto político francés, el Sr. Robert Schuman la pone en marcha. No con las armas, sino con el acero y el carbón. El 18 de abril de 1951, a escasos cinco años de la terminación de la II CM, se firma en Paris el tratado que crea la Comunidad Europea del Hierro y el Carbón, el cual da origen a la actual Unión Europea (UE). Esta ya va en camino de incorporar en su seno a los países de la anterior Europa Oriental y a la Santa Rusia. Cuando esto ocurra- y lo será muy pronto- Europa será una desde el Atlántico hasta los Urales.
Entretanto, el empuje del cambio ha continuado y continua imperturbable e inatacable. En los años '50 se desata el turbión tecnológico. La era de las Eras; era atómica; era del espacio; era de eras de eras, hasta la más reciente, la Era del Cenom. Ha sido y es la combinación simbiótica Del Conocimiento y su tecnología transformando al Hombre y su entorno; realizando el trabajo cultural de Occidente y sentando los cimientos del porvenir, del bienestar y de la paz. El Conocimiento es ya el nuevo y exclusivo fundamento del Poder y será el nuevo nombre de la Paz.
La entropía política y social que angustia a la Humanidad no es ya sino la consecuencia del derrumbe estrepitoso de las viejas estructuras lineales de la sociedad tradicional, ajenas a los procesos que comienzan a perfilar las cuánticas realidades políticas, económicas y sociales del Nuevo Milenio.
Se dan dos modalidades del cambio que no se nota: el demasiado lento, por serlo. Y el demasiado rápido, que siempre se manifiesta como Caos. El caos en el cual se debate Colombia no es sino la manifestación palpable de su proceso de cambio. Es decir, de modernización. link









Zona primaria: pensamiento lineal

Fecha de modificación: 26/12/2005 13:08
Fecha de creación: 26/12/2005 13:57
Compilador: Celia Gradín
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