Añadir esta página a mis balizas Ver mis balizas
mapas, redes y sincronizaciones como metáfora del pensamiento artístico
  english translation castellano mail
buscar generar mapa
introducción | desarrollo | conclusiones | fuentes
relaciones
  ideólogos
Edgar Morin
  partículas base
Agua
cabecera: metáforas circulares nav. por cabeceras otras cabeceras
idea: La metáfora del agua o la orientalización del mundo navegar por ideas otras ideas
 Por analogía, el agua nos remite a un variado conjunto de imágenes. El agua es la sustancia radicalmente ligada y unificada: ni una sola de las olas del océano puede "separarse" del conjunto del océano. Una sustancia dulce, que podemos almacenar, guardándola en un recipiente o que incluso podemos desviar de su curso natural. Aparenta ser algo dócil y débil. Una sustancia de bienestar, indispensable para cualquier forma de vida, necesaria para nuestro cuerpo e incluso, en una proporción considerable, para la constitución de nuestra vida. Una sustancia receptiva que acoge otros elementos, otros líquidos o sólidos a través de toda suerte de mestizajes, para lo mejor y para lo peor ?pensemos, por ejemplo, en la contaminación del agua causada por los residuos. Una sustancia capaz de desviarse ante todo tipo de obstáculos. Una sustancia que puede evaporarse para volver a caer en forma de lluvia en otra región. En suma, se trata de una sustancia poco dócil, que a veces reacciona de forma salvaje ante los intentos humanos por canalizarla o controlarla ?pensemos en los maremotos, en los diluvios de todas clases, así como en los manantiales de agua tan finos como un láser y que pueden atravesar un bloque de hormigón.
 En Oriente, la metáfora del agua se utiliza con frecuencia en los textos canónicos del taoísmo o del budismo. Recordemos el célebre episodio en que Confucio se encuentra con una persona mayor que, desde la otra orilla de un río desbordado, decide atravesarlo. Al cruzar, desaparece entre los remolinos de la corriente. Confucio y sus discípulos piensan que ha muerto, pero el anciano reaparece de pronto en la otra orilla. Confucio le pregunta qué ha hecho para poder escapar a la fuerza de las aguas. El viejo (¿Lao-Tsé?) responde que simplemente ha seguido la corriente del río, sumergiéndose con los remolinos y resurgiendo con la pendiente natural del río.
 El paradigma subyacente a la metáfora del agua es el de la capilaridad. Implica una visión del mundo constituida por redes interactivas en las cuales cada uno de los elementos sólo puede ser comprendido mediante su inserción en una totalidad dinámica, un campo de relaciones y una toma de conciencia diferente de la "conciencia de".
 Esta visión del mundo ha sido desarrollada desde hace millares de años por los pueblos de Oriente, por los pueblos de África, por los pueblos amerindios, a través de los mitos y los símbolos que animan las múltiples dimensiones de la vida cotidiana. Los Indios de América del Norte son sutiles representantes de ello, como muestra de manera espléndida Teri McLuhan en su libro Pieds nus sur la terre sacrée .
 Creo que tanto en Occidente como en Oriente la nueva epistemología ha de asumir una dialéctica de las dos metáforas precedentes en las ciencias humanas. En caso contrario, nos espera la catástrofe. Hace poco, en la región altaica de Rusia, unos ingenieros han decidido edificar una presa, lo que ha supuesto la desviación del curso del río y la construcción de un lago artificial, sin tener en cuenta a las poblaciones autóctonas que viven de la caza y de la pesca. De esta forma, destruyen su cultura y reducen a las personas a la condición de vagabundos miserables. También sabemos, por ejemplo, lo que dice
Edgar Morin en su libro Terre-Patrie  de la historia parecida de los indios Kris en el Canadá.
 A la eficacia occidental a toda costa, debemos oponer el sentido simbólico y la solidaridad comunitaria a escala planetaria. Etnopsiquiatras como Tobie Nathan son conscientes de ello y emplean los mitos, los símbolos y las técnicas corporales de las culturas tradicionales en sus acciones psicoterapéuticas, con el fin de aliviar los sufrimientos de las personas que han sido despojadas de su propia cultura.

 Podemos intentar imaginar a lo que nos puede conducir esta dialéctica de la piedra y del agua en la educación:
 - Proporcionar una estabilidad y un marco simbólico pertinente a la acción educativa.
 - Aceptar trazar vías y cambiar, en parte, el mundo, en una acción comunitaria elaborada colectivamente.
 - Ser sensibles a las culturas, a las reacciones individuales y colectivas que, tal vez, esconden una riqueza insospechada y válida para todos.
 - Aceptar dar rodeos, rechazar la línea recta.
 - Tomar en consideración una temporalidad y un sentido del espacio "diferentes".
 - Reconocer y aceptar vivir no sólo con la racionalidad que nos funda, sino también con nuestro imaginario y nuestros mitos.
 - Tener capacidad para ser flexibles, evitar las visiones rígidas y cerradas. Saber "ceder".
  - Tener en cuenta, en nuestra visión del sentido de la vida, el cielo y la tierra, el hemisferio izquierdo y el derecho.
leer +







Zona primaria: pensamiento circular

Fecha de modificación: 22/12/2005 17:34
Fecha de creación: 22/12/2005 18:22
Compilador: Celia Gradín
Generar diagrama a partir de este elemento
Vista de impresión
idea 3 de 14 en metáforas circulares  atrás pág.1

Creative Commons License Esta obra pertenece a Celia Gradín bajo una licencia de Creative Commons salvo los documentos citados que son propiedad de sus autores.